Los informes recientes desde la isla de Nosy Be, Madagascar, destacan la importancia ecológica del Parque Nacional de Lokobe, considerado uno de los últimos reductos de bosque primario en la nación insular. Este ecosistema crucial experimenta actualmente el clímax de su estación húmeda a finales de diciembre de 2025, caracterizada por alta insolación, elevada humedad y aguaceros vespertinos intensos, con temperaturas medias que oscilan entre los 26 y 28 grados Celsius. Este régimen climático es fundamental para sostener la rica biodiversidad del parque, hogar de especies emblemáticas como el lémur negro (*Eulemur macaco*) y algunos de los camaleones más pequeños del mundo, como el *Brookesia nana*.
La supervivencia de este hábitat biológico único está directamente ligada a los esfuerzos de conservación humana, ya que el parque funciona como un santuario final para una miríada de especies endémicas de Madagascar, un país donde el 90% de las plantas y el 80% de los animales son exclusivos. La reserva abarca aproximadamente 740 hectáreas de bosque lluvioso de tierras bajas, y su acceso se gestiona rigurosamente, exigiendo el tránsito inicial en una piagua tradicional, una embarcación de madera construida artesanalmente por la población local malgache. Este método de transporte subraya la dependencia de prácticas de bajo impacto y el fomento del turismo comunitario, manteniendo las tarifas de los guías accesibles para promover una interacción sostenible con el entorno natural.
El panorama turístico global muestra un interés creciente por experiencias inmersivas centradas en la naturaleza y la conexión ambiental, un patrón que se refleja en la protección activa observada en sitios diversos. Por ejemplo, en agosto de 2025, el Observatorio Kielder en el Reino Unido amplió sus servicios dentro del Parque de Cielo Oscuro Internacional de Northumberland, el área de cielo oscuro protegida más grande de Europa, facilitando el acceso a la astronomía. Paralelamente, en Japón, la península de Kii está experimentando un renovado interés por el *shinrin yoku* (baño de bosque) en sus antiguos bosques de cedros y cipreses, una práctica originada en la década de 1980 para promover la salud mental y física a través de la inmersión forestal.
Esta tendencia hacia la restauración a través de entornos naturales se manifiesta con enfoques distintos en diversas geografías. Mientras que Nosy Be presenta un clima tropical, las Islas Eolias, frente a Sicilia, ofrecen baños de lodo termal y fumarolas en Vulcano, aprovechando la geología volcánica para el bienestar. Además, el compromiso con la sostenibilidad en la hotelería está en ascenso, evidenciado por un establecimiento en Camboya que recientemente se comprometió a plantar 3,500 árboles a lo largo de una ribera fluvial para reforzar sus credenciales ecológicas.
El ecoturismo responsable, definido por la Organización Mundial del Turismo como aquel que considera integralmente los impactos ambientales, sociales y económicos, es vital para Madagascar, un país que, a pesar de su riqueza biológica, enfrenta desafíos económicos continuos. Los ingresos generados por el turismo, incluso con tarifas bajas para los guías locales, proporcionan un sustento esencial y crean incentivos financieros directos para la preservación de especies clave como los lémures, considerados la fuente económica fundamental para la conservación local. La gestión de estos flujos turísticos, como se analiza en el informe Smart Observatory de PwC y CEHAT para el verano de 2025 en España, enfrenta el reto de equilibrar la alta ocupación con la sostenibilidad. La convergencia de la necesidad de conservación en Madagascar con la demanda global de experiencias auténticas y naturales posiciona a Lokobe como un caso de estudio significativo en la intersección de la biodiversidad y el desarrollo económico sostenible.



